Cada año, más de 40 millones de personas participan en actividades de turismo religioso en México, una dinámica que no sólo tiene un valor cultural, sino también económico, con una derrama estimada en 25 mil millones de pesos.En este periodo de Semana Santa, la movilidad de personas impacta directamente en la vida cotidiana: calles llenas, transporte saturado y alta afluencia en sitios emblemáticos como la Basílica de Guadalupe o la representación del Viacrucis en Iztapalapa.La Secretaría de Turismo prevé que millones de visitantes se desplacen por el país, lo que también impulsa comercios, hospedaje y servicios locales.Actualmente, autoridades llaman a tomar previsiones ante la alta concentración de personas en espacios públicos y destinos tradicionales.