La Estela de Luz, construida durante el gobierno de Felipe Calderón, permanece como uno de los símbolos más claros del derroche y la corrupción de los gobiernos panistas.
Recientemente, la página oficial “Morena Sí” retomó este tema para recordar que esta obra, realizada para conmemorar el Bicentenario de la Independencia, triplicó su costo original, se entregó con retrasos y estuvo marcada por graves irregularidades, documentadas por instancias de fiscalización.
Más allá de su valor arquitectónico, la Estela de Luz es vista hoy como un monumento al mal uso de los recursos públicos, un recordatorio de lo que ocurre cuando los gobiernos se alejan de la transparencia y de la responsabilidad con el pueblo.
Según informes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el costo final se disparó a más de 1,300 millones de pesos, casi tres veces más de lo inicialmente presupuestado, y se registraron pagos excesivos e improcedentes en materiales y servicios durante su construcción.
Además, la obra se inauguró con más de un año de retraso respecto a la fecha que debería haber estado lista para las celebraciones patrias, generando críticas por la falta de cumplimiento del proyecto original.
En 2025, la Suprema Corte ratifica sanciones de responsabilidad resarcitoria por más de 230 millones de pesos, derivadas de irregularidades detectadas por la Auditoría. Para muchos legisladores y analistas, la Estela de Luz no solo es una estructura sin función pública clara, sino un recordatorio de prácticas de corrupción y despilfarro, que siguen presentes en el imaginario político como advertencia de lo que ocurre cuando no hay transparencia ni responsabilidad en el uso de los recursos públicos.