La Ciudad de México da un paso decisivo hacia una gestión responsable de residuos: el servicio de recolección no recibirá basura mezclada. La medida responde a un principio fundamental de política pública: sin separación adecuada, el aprovechamiento es limitado.
Cada día, miles de toneladas de residuos llegan a centros de transferencia. Cuando estos materiales no están clasificados, se dificulta su recuperación, se incrementan costos operativos y se desperdicia hasta el 40 por ciento de materiales reciclables que podrían reincorporarse a la economía.
La decisión impulsada por la administración de Clara Brugada Molina fortalece la cultura de responsabilidad colectiva. El gobierno ha consolidado rutas diferenciadas, plantas de selección y coordinación territorial; ahora corresponde a cada hogar cumplir con la separación básica entre orgánicos e inorgánicos.
No se trata de una medida punitiva, sino de un paso necesario para garantizar que la infraestructura pública funcione con eficiencia. Separar residuos reduce contaminación, disminuye emisiones y permite optimizar el presupuesto destinado a la gestión ambiental.
En la ciudad que soñamos, la transformación comienza en casa. La Ciudad de la Transformación avanza cuando gobierno y ciudadanía comparten la tarea de cuidar el entorno.
Porque la responsabilidad ambiental no es opcional: es colectiva.