Organizaciones deportivas y grupos civiles están haciendo un llamado para salvaguardar un campo de fútbol histórico en Belén, en medio del conflicto entre Israel y Palestina, luego de que surgieran planes de demolición por parte de las autoridades israelíes. El espacio, emblemático para la comunidad local, representa mucho más que un sitio de esparcimiento: es un símbolo de unión y tradición deportiva.
Defensores del deporte y líderes comunitarios han insistido en la importancia de conservar el terreno de juego, argumentando que este lugar fomenta la convivencia pacífica entre jóvenes y promueve valores sociales esenciales. Las críticas han circulado tanto a nivel regional como internacional, impulsando iniciativas que buscan llamar la atención sobre el tema y presionar para que se detenga cualquier intento de destruir el campo.
La defensa del estadio ha generado solidaridad entre clubes, aficionados y activistas, quienes consideran que el deporte puede ser un puente para la paz en medio de tensiones más amplias en la región. Su preservación se ha convertido en una demanda que trasciende el plano deportivo, vinculando la cultura y la identidad comunitaria con la lucha por mantener espacios que fortalezcan el tejido social.