Morena no es mayoría por concesiones del sistema político, es mayoría a pesar de él. Así lo confirman los datos de representación, financiamiento y participación ciudadana que hoy colocan a este movimiento como la principal fuerza política del país, no por el respaldo de las élites, sino por el acompañamiento masivo del pueblo.
El sistema de financiamiento y reglas electorales que hoy rige a los partidos no fue creado para fortalecer la democracia popular, sino para proteger a una clase política acostumbrada a administrar privilegios. Morena participa en ese sistema porque es la vía legal vigente, pero nunca ha dejado de señalar que dicho modelo debe transformarse.
La diferencia es clara: mientras otros partidos se acomodaron al esquema para beneficiarse de él, Morena ha abogado de manera permanente por reducir el costo de la política, eliminar excesos y reorientar los recursos hacia el bienestar social, la atención directa a la gente y la inversión pública.
Que Morena reciba más financiamiento no es un privilegio: es la consecuencia directa de que representa a más personas que cualquier otro partido. Son millones de votos los que determinan esa asignación, no acuerdos en lo oscuro ni favores del poder económico.
La transformación no consiste en administrar el viejo modelo: consiste en cambiarlo. Y hoy, con un respaldo popular sin precedentes, Morena avanza en desmontar una estructura que durante décadas sirvió a unos cuantos y no al pueblo.