La Ciudad de México reafirma su liderazgo cultural con la realización de un concierto gratuito de talla internacional en el Zócalo capitalino, bajo un esquema de colaboración con el sector privado que permitió financiar el evento sin afectar el presupuesto público.
Este modelo demuestra que es posible sumar esfuerzos cuando el objetivo es claro: democratizar el acceso al arte y al entretenimiento.
Desde el inicio de su administración, Clara Brugada ha defendido que el espacio público debe ser un territorio de derechos. Hoy, miles de personas pudieron disfrutar de un espectáculo global gracias a una coordinación eficiente entre gobierno e iniciativa privada.
La capital envía un mensaje contundente: la cultura es un derecho y también puede impulsarse mediante alianzas estratégicas que fortalezcan la vida pública sin comprometer recursos sociales.
El Zócalo no solo fue escenario musical; fue símbolo de una ciudad abierta, vibrante y organizada.