La repentina salida de Allan Saint-Maximin del América por un episodio de racismo contra su familia –según denunció el jugador–, trae a la discusión un problema que suele negarse y, por tanto, condenarse a la invisibilidad en un país que rechaza que exista esta forma de exclusión.
“Cuando el racismo se niega, se pone en duda o se empieza a silenciar, pasa algo bastante grave, volvemos a agredir a quienes lo denuncian. Reforzamos la narrativa más cómoda e imperante, esa que nos dice que el racismo en México no existe. Y es que no es un hecho aislado en el futbol, es todo un sistema que se fortalece negándose a sí mismo”, señala Jordan Villa, activista en temas de inclusión, respecto al caso del futbolista, quien insistió en que dejaba el equipo por razones no deportivas.
Y es que Saint-Maximin denunció que sus hijos menores de edad fueron víctimas de un acto de racismo en México. Un tema que, de acuerdo con Villa, se tiende a minimizar y mantener invisibilizado por las prácticas y el discurso social en el país.
“Mi trabajo a menudo me ha impedido estar donde quería, y me ha hecho darme cuenta de que la vida es frágil y que cada momento importa”, escribió el futbolista, quien rompió el vínculo con las Águilas a pesar de tener un contrato vigente hasta 2027. Sin dar mayores detalles dejó claro que, aunque está “acostumbrado” a recibir ataques por su carrera y exposición pública, jamás tolerará agresiones contra su familia.
Tras su salida, los insultos en redes sociales se intensificaron. Las críticas dejaron de centrarse únicamente en su desempeño deportivo y derivaron en comentarios de odio.
“Hemos recibido un mar de casos de discriminación hacia infantes y jóvenes que rayan por un lado en insultos racistas entre las mismas comunidades que son parte de algún espacio racializado y, por otro, hasta amenazas de muerte”, asegura José Ángel Bazán, coordinador de incidencia de RacismoMX.
Bazán afirma que las redes sociales juegan un papel fundamental en esta problemática, ya que “continúan, facilitan y amplifican los insultos que después se traducen en acciones concretas”, como ocurrió con Saint-Maximin.